viernes, 6 de junio de 2014

De distinta sangre (III) o al otro lado del ron.

Toca otra vez, viejo perdedor

Tócala otra vez Carlitos
como si la noche de Rivas fuera Normandía
el mirador de Saint-Aignan con todo Ruán bajo nuestros pies
esa melodía me transporta a ese entonces

tócala otra vez
mientras repito las mismas historias
a modo de estribillo pop desgastado
como un viejito que ya lo vivió todo
mientras te cuento cómo me equivoqué en el amor
y si bien no me arrepiento
en el fondo
tal vez me arrepienta
de no escoger a la adecuada cuando pude
sabes de lo que te hablo
mismo allá junto al kebab
de la plaza del O'Kallaghan's o como se escriba
allí me dijiste mirándome con honestidad “ella está hecha para ti
ypara ella, lo veo cada vez que os veo”
y yo no me di cuenta.

Ya sabes de lo que te hablo
las colós cruzando Francia en furgoneta
de Limoges a Étueffont
on the road o sur la route sobre caminos sin huellas
autovías de ciento treinta
volví un verano a enamorarme en el Norte
(siempre todo en el Norte).

Nos contamos siempre
pero no pares, Carlitos, sigue tocando,
decía, nos contamos siempre las mismas anécdotas
como si hubiéramos vivido una mili eterna
cambiando el rifle por un amigo
el enemigo por un futuro
y el uniforme por mi abrigo de segunda mano y tus cigas
no obstante y sin embargo por suerte
aún recolectamos de vez en cuando
algún nuevo relato
cerverrutas en bicicleta qué yo pronto ojalá la Lorena
también la Bretaña eso seguro
los sitios importantes llevan artículo como la mar la Sena el cercanías.

A cada reencuentro reiniciamos los rituales de paso
repaso de quehaceres alguna lata o unas cuantas
decir bobadas tonterías la risa
por favor la risa
pensar autobiografías maravillosas en ese país nuestro
quizá más nuestro que éste
luego viene la seriedad y colofón de guitarras
la Citta Vecchia la canción de mi colega nos acordamos de esta gente
qué será de todos qué será de todas
hablamos de Polonia o Canadá, ya sabes,
o la comida folklórica de Bratislava ciudad de refresco socialista
la estación de autobuses
el Danubio.

Vuelve a tocarla, no dejes la guitarra,
esa melodía me recuerda
cuando era feliz y tonto y las burbujas
o puede que sea eso, Carlitos, la felicidad de la que me hablabas
tal vez sea sólo impases estandbáis regalados por la vida
momentos de despegarse del suelo
los pies en las nubes y la vista hacia quién sabe
no lo pero algo de eso será algo de eso tendrá que ser
sea lo que sea pero que sea
la felicidad igual también podría ser Abancourt
dos hombres y un destino a tiros con la incertidumbre
disparando al miedo en la nuca
para manchar las paredes con una sangre inútil
o una chambre o las tortillas o la mayonesa a la mostaza
soñar con morir en mitad del océano Atlántico
comer migas del día anterior
no ver nunca Trainspotting o dejar Solaris a medias
o ser perseguido por una vaca a muchos kilómetros de ninguna parte

la felicidad podría ser nada concreto
un mero pretexto vago
una excusa sin fundamento para seguir
luchando por lo que nunca llega pero se marcha

un depósito de ganas
una reserva de vida
la rabia imbécil
mirar al horizonte y decirsequiero aquella línea
que separa la mar del cieloy dedicar una biografía
a alcanzarla.

La felicidad es eso, Carlitos,
pero no dejes de tocarla tío
esa melodía me recuerda mis veintiún años
o puede que los veintidós
la Bohème al carajo el pasado
dejé el pretérito entonces no dónde
y el pretérito volvió a adelantarme en un pluscuamperfecto sugestivo.

¿Recuerdas, Carlitos, la Place Colbert,
el bocata de dinde empanado, las patatas al microondas,
las cervezas de doce grados, las velós
mear sobre el Sena (de nuevo la Sena) o desde un balcón
o comer un kilo de carbonara ?
¿Recuerdas aquel niño budista de Couzeix
o a Corantino o Malatesta
o el yugoslavo expresidiario que lloró sobre el hombro de un portugués?

¿Cuántos años son necesarios
para saciar el apetito de locura?

La acompañé a Austerlitz para verla largarse por siempre
su cara al otro lado de la ventanilla de un vagón
así la guardé en mi memoria
y tuve que colarme para no perder el último tren de vuelta
Austerlitz es la estación más triste del mundo
como el invierno
cierto que vino a Guadalajara (por eso era verano)
una vez
una vez fue verano
pero no estoy seguro de si en verdad vino
o si en verdad la quise o si fue un capricho suicida momentáneo
en un intento de gritarle a Dios que estaba listo para cualquier cosa
la acompañé a Chamartín para verla largarse por siempre otra vez
su cara al otro lado de la ventanilla de un vagón
así la guardé en mi memoria
y ya eso fue un poquito digamos el colmo.


Pero qué voy a contarte que no sepas
qué podría enseñarte que no hayas vivido
si arrastramos una lista común de logros y fracasos.

¿Recuerdas la botella de whisky cola
el servicio nacional de transportes
la SNCF y Austerlitz?
Maldigo
maldigo la puta Austerlitz cada mañana
cada mañana desde entonces
lo juro.

Cada mañana.

Qué lejos queda Cracovia Zakopane los zapiekankas
el churrajo vienés las tutaleres el antropolicismo irish men
carambolar con el lenguaje los dibujos animados de los vecinos
Mallorca y los Héroes del Silencio bocadillos de ensalada
el Che Guevara o Saint-Valery en Caux autoestop aquel pintor
donde Victor Hugo acantilados de Étretat y la playa de Diep.

Qué lejos queda la felicidad, Carlitos,
y ahora allí haciendo un presente
y yo aquí perdido jodido
dando lástima
como quien busca un hotel sin nombre en mitad de un aeropuerto

la felicidad es eso, Carlitos,
pero no pares de tocarla,
quiero decir, la felicidad
es quizá este momento absoluto
o poder abrazar a un hermano exiliado
a pesar del tiempo
y de la distancia
y vaffanculo
porque todo es distancia por qué todo es distancia: el tiempo y la felicidad
son distancia
el amor también es distancia la amistad es distancia
pero al fin y al cabo el amor es tiempo y el tiempo es felicidad
y la felicidad viene a ser un poco todo como el amor
porque en cierto modo al final todo es un poco lo mismo
pero no pares, Carlitos,
en la ebriedad de la noche de Rivas
sigue tocando con tu guitarra esa melodía
mientras me emborracho como un miserable
toca hasta el amanecer tu melodía
mientras todos mis recuerdos bailan la danza
de los mejores años de mi vida
tócala otra vez, Carlitos,
haz eterno este instante
donde cobran vida mis fotografías.

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