Tengo un cuaderno
al que he arrancado ya
tal vez demasiadas hojas en blanco.
Más o menos en eso consiste el tiempo.
No sé si será por la fiebre
o por estos domingos
pero juro que mis manos han visto más Vida
que la mayor parte de los ojos del mundo.
He rezado a todos mis dioses
y me he arrodillado ante mi única Diosa
suplicándole que
por favor
me diera esa bofetada en estas mejillas y no otras,
y nada de todo esto es una jodida metáfora.
Me quito el albornoz
y dejan de sonar las notas
que marcaban el comienzo,
ahora teclas de Rachmaninov
cuerdas de Joe Pass
la voz de Janis Joplin
y sobre todo Sus manos,
las de Ella (tus manos tuyas).
He viajado en pocas semanas
más de lo que he viajado en mi vida
quizás porque tan sólo crucé una vez
“hace tiempo”
la frontera,
la geográfica. Los límites anímicos,
la moderación, lo sensato,
toda esa mentira la dejé atrás
ni siquiera recuerdo cuándo,
y eso que no existe el cuándo (linealidad
como consecuencia de la palabra escrita, en serio).
Veo a toda esa gente
que es sólo eso: gente. Casi nunca personas,
individuos, nunca millones de unidades
como millones de consciencias abrazándose
en formato sinapsis para crear esa única
mente, el Cerebro-Humanidad, la razón
tornada lágrimas en el pecho de una mujer hermosa,
que es como son las mujeres.
Veo toda esa basura en pantallas-oráculo,
escucho toda esa mierda en ondas-hipnosis
y huelo todo ese humo que irónicamente aparenta proteger con su manto
una Madrid comunicada con este pueblo
que no se conoce a sí mismo.
Luego voy e intento hablar a todos de raíces
y tienen los putos cojones de argumentarme en contra
hablándome de lugares de nacimiento.
Y acabo volviendo a casa por ese triste paseo de las cruces
a veces algo borracho
pensando
que más gente debería tumbarse a escuchar a Chabela.
domingo 4 de octubre de 2009
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1 comentarios:
Mi nomfre es David Hume. ¡El que te focka!
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