Más de tres veces he pensado que cambiar
el mundo es posible
y siempre me acabo dando cuenta
de que al final sólo se transforman las formas
pero nunca el concepto. El egoísmo
motor del Ser Humano.
Y eso es lo único de lo que sí estoy casi seguro.
Me agotan los intentos de encontrar
sin saber lo que estoy buscando,
y sobre todo me asustan los vistazos a
cualquier cosa que se aproxime desde lejos
porque lejanía significa inevitable
(es sólo cuestión de tiempo, que es la única cuestión que existe).
Me pregunto a mí mismo
por qué soy de las pocas personas
que saben contestarme. Y eso me deja dudas
como aquélla de que si los hombres
no lloran, por qué tienen el descaro de reírse.
He ahogado abrazos en lágrimas
y lágrimas en hombros
y sigo sin entender cuantas teclas hacen falta
para sostener la vida en un instante.
Quiero decir con todo esto
que a veces no entiendo en qué consiste
todo. Las metas no se alcanzan,
siempre están, más allá, meta-meta,
implosión de lo absurdo en una espiral de supercuerdas
ahorcando al que quiso comprenderlo.
Que a veces hasta lo absoluto es relativo
y tener fe es siempre lo único de lo que no dudo.
Mis dioses no me hablan
pero sé cuándo intentan decirme algo
y qué es lo que tratan de decirme.
Los veo en los árboles del parque que se ve
a sí mismo
desde mi ventana (sólo ellos saben de qué hablo
y en qué consiste alcanzarse a uno mismo).
Quiero decir, es todo como un
no-sé-qué-exactamente pero está ahí.
La magia, las causalidades,
los dados en cuyas caras siempre hay inscrito un siete.
Supongo que reírme de un folio
es lo único que sé hacer en estos momentos. When I look to the west
mi espíritu sólo ve paredes,
he dormido en tantos bancos,
he vomitado frente al mar por no saber
quién era yo,
he recibido limosna de dos adolescentes conmovidos
por mi música, y he hecho otras tantas cosas
que darían para otros tantos poemas.
Pero hoy, simplemente,
me apetecía echarte de menos.
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