viernes 13 de noviembre de 2009

Mayo.

Detesto el peyoro de las palabras,
el desgaste mal gastado de los significados,
me duele que los ideales cambien
como si ya no fueran ni sombra
de lo que prometieron.

He visto mi futuro escondiéndose
en una carga de presentes imperfectos
e indefinidos (“en estos momentos entiendo la vida,
mar, rocas”)
y me dan lástima sus intentos de definirse.

Los paseos nocturnos a las seis de la tarde
quizás sean de las pocas cosas
que yo no envidio del verano,
soy Octubre,
soy el clima que te obliga
a taparte por las noches.

Soy el verbo que asegura ser
la contemplación por encima
de la acción dudosa que lucha siempre por adaptarse,
y nunca por el ascenso.
Soy frente a ti la risa de los dioses,
la burla de la Fortuna
y el Red Label pisoteando a la decencia
y al mal gusto.
No podrías entenderlo

pero a veces mis pasos se tornan versos
mis versos aceleran mi pulso
mi pulso acelera mis pasos
que se tornan versos y no te imaginas cuántos poemas
se han perdido entre el frío
del frío Otoño (soy Octubre)

y esto es sólo un fragmento
de lo que hoy perseguí
casi corriendo por las calles
de una casi ciudad.

No intentes entenderlo,
es vida transcrita a un folio
son folios distorsionando el recuerdo
son recuerdos que llamamos vida
o a veces
pasado
que transcribimos a un folio.

Que nunca he sabido dónde quiero llegar
ni cuándo habré llegado
pero sí sé cómo habrá sido:
sobredosis de unas lágrimas
que siempre fueron un buen chute para estas páginas. Quizás tú
sepas cuál
es la enfermedad del mundo
y cuál es su remedio. Yo no.
Yo sólo sé cuál es la enfermedad de todos nosotros
y si supiese el remedio estoy seguro
de que a mí también me condenarían a muerte mediante cicuta (soy la vida
contemplativa frente
a la acción dudosa, te lo recuerdo).

Yo no conozco las formas, pero sí la esencia
y la piel que me eleva
y el hielo que nunca está de más
y las noches dedicadas
a olvidarme de la consciencia. Yo conozco
el secreto del “feliz aquel que no
se dejó reducir por la mentira”
y que decidió arrastrarse por encima de todos.

Soy Octubre, soy la vida contemplativa,
soy la acción por y para un concepto
que ni siquiera atisbas. Y tal vez,
tal vez no soy poeta
pero a veces,
lo juro,
a veces me siento poesía.

domingo 4 de octubre de 2009

"Que veinte años no es nada."

Tengo un cuaderno
al que he arrancado ya
tal vez demasiadas hojas en blanco.
Más o menos en eso consiste el tiempo.

No sé si será por la fiebre
o por estos domingos
pero juro que mis manos han visto más Vida
que la mayor parte de los ojos del mundo.

He rezado a todos mis dioses
y me he arrodillado ante mi única Diosa
suplicándole que
por favor
me diera esa bofetada en estas mejillas y no otras,
y nada de todo esto es una jodida metáfora.

Me quito el albornoz
y dejan de sonar las notas
que marcaban el comienzo,
ahora teclas de Rachmaninov
cuerdas de Joe Pass
la voz de Janis Joplin
y sobre todo Sus manos,
las de Ella (tus manos tuyas).

He viajado en pocas semanas
más de lo que he viajado en mi vida
quizás porque tan sólo crucé una vez
“hace tiempo”
la frontera,
la geográfica. Los límites anímicos,
la moderación, lo sensato,
toda esa mentira la dejé atrás
ni siquiera recuerdo cuándo,
y eso que no existe el cuándo (linealidad
como consecuencia de la palabra escrita, en serio).

Veo a toda esa gente
que es sólo eso: gente. Casi nunca personas,
individuos, nunca millones de unidades
como millones de consciencias abrazándose
en formato sinapsis para crear esa única
mente, el Cerebro-Humanidad, la razón
tornada lágrimas en el pecho de una mujer hermosa,
que es como son las mujeres.

Veo toda esa basura en pantallas-oráculo,
escucho toda esa mierda en ondas-hipnosis
y huelo todo ese humo que irónicamente aparenta proteger con su manto
una Madrid comunicada con este pueblo
que no se conoce a sí mismo.

Luego voy e intento hablar a todos de raíces
y tienen los putos cojones de argumentarme en contra
hablándome de lugares de nacimiento.
Y acabo volviendo a casa por ese triste paseo de las cruces
a veces algo borracho
pensando
que más gente debería tumbarse a escuchar a Chabela.

jueves 3 de septiembre de 2009

Todo casi ahora.

No son pocos los versos
que cargo a mis espaldas
y sí son muchos los kilómetros que me he puesto en frente.

No estoy seguro de qué pasos,
corrientes de viento y reflejos en los desvíos
me trajeron hasta aquí,
y sin embargo me recito de nostalgia
que todo ha sido por algo, que existe un sentido,
que hay más de un motivo.

La búsqueda de razones
que justifiquen la experiencia
como única forma de predecir posibles mañanas
es una excusa. Yo sólo busco
un alba en el que ver a la eterna Alfonsina
volviendo de un mar que la volvió loca
porque en las profundidades no existía un cierzo que la despeinara.

Sólo busco el amanecer perfecto
y los pretéritos convertidos
en lecciones encuadernadas entre neuronas frágiles y efímeras,
que es como es la memoria.
Que no hay nada más decepcionante
que ver el cielo desde el cielo,
que no he visto sonrisa más puta
que la de esa Jacqueline casi cansada de siempre el mismo museo
y a la mierda con Leonardo.

Conozco la palma de mi mano menos que mis ojos
introspección como única forma
de saberse, de intuirse,
de aproximar el cuerpo a la plenitud del alma,
y nunca entendí la manía de prevenirse
cuando el riesgo de equivocarse
tal vez sea la más alta esfera
nunca alcanzada por el mediocre.

No sé, pero me miro al espejo
y veo mi presente como un futuro pasado,
veo mis hombros dispuestos a soportar cualquier carga
que sí me merezca, veo mis sueños casi palpables
y mis recuerdos totalmente intangibles.

Será que hoy vuelve Septiembre
y todo se torna un híbrido vida-muerte,
la décès du vert, la naissance
de los más tristes marrones
que sin embargo
acabarán por convertirse, pasado un ciclo,
de nuevo,
en marrones. Y así sucesivamente.

viernes 24 de julio de 2009

Muy de esta manera.

A veces pensarte aquí entre mis miedos
e imaginarme riéndome de ellos contigo.
A veces solo y entonces lejanías
y que Dinamarca no debe de estar tan allá
porque en allá es la misma hora
que en este lado de mi ventana,
en esta resistencia que opone la mesa
ante mi insistencia en saberme con razón,
que es de las pocas cosas que no tengo.

A ratos unas cosas y otras y las de más al fondo del pasillo
y no comprendo nada de todo
lo que me rodea y sin embargo me pertenece.
Prometerte la esfera más perfecta del mundo
y dibujártela con sus cruces y sus curvas
y sus fondos sin fondo porque yo,
porque tú, porque así los dos al mismo tiempo,
a nuestro tiempo nuestro y de nadie más.

Se vuelve todo muy y me quedo como sin,
mientras mi reloj siempre adelantado al de los demás
y algo ambiguo que se me escurre entre la tinta,
versos borrosos corazón que siente. Y viceversa.
Luego pienso que, pero más tarde me doy cuenta de,
y al final acabo mandando todo al carajo sin saber dónde está el carajo.

(A veces pensarte aquí entre mis miedos
e imaginarme riéndome de ellos contigo.)
En ocasiones media sonrisa, una pregunta,
tres respuestas y mil desesperaciones. Constante
duda de si tal vez, si quizás.
Todo a diario muy como mal hecho,
como forzado y demasiado desteñido.

No me salen las cuentas ni las estrofas,
los acordes se vuelven contra mí y contra todos
y las líneas se me tuercen a cada paso-susurro de un bolígrafo.

Aquí pensarte a veces entre mis miedos
y riéndome imaginarme contigo de ellos
y no sé si será cosa de latitudes
pero no estoy acostumbrado
a acostumbrarme a las distancias
ni al tiempo.

viernes 17 de julio de 2009

Fotografía desde Montjuic.

Tengo a mis pies la Sagrada Familia
y un teleférico aproximándose
entre otras muchas cosas
y casas de una ciudad llamada
no sin falta de motivos
Barcelona.

No distingo desde aquí el mar del cielo
ni las calles de los tejados
ni las montañas
de los límites entre este lado y el resto del mundo.

Una gaviota sobrevuela todo con cinismo
como si a pesar de toda la inmensidad,
el laberinto, los porreros del Barrio Gótico
y los New Orleans Ragamuffins con su piano, banjo y trompeta,
los mimos y próximos McDonals a dos minutos,
lo sobrevuela, decía, como si nada de todo eso le importara.

Desayuno a las diez de la mañana
con mantequilla envasada al vacío,
cucarachas en la cocina de un restaurante vegetariano
y sin embargo creo que ni en un puto cinco estrellas
podría encontrar comida mejor que ésta.

El desorden del equipaje y las caricias por los suelos
no es otra cosa que la búsqueda
de la máxima entropía, el camino
hacia lo perfecto, el dejarse llevar
por lo que sea que rige el universo.

El cosmos cabe en una habitación
de cinco metros cuadrados,
y medio mundo cabe entre mis ojos
y la montaña. En lo borroso del final
del paisaje que contempla mi miopía
tal vez esté el secreto de lo inconcebible,
pero entre esas calles que veo desde estas alturas
lo imposible me espera
para que le desgarre la cara
con una sonrisa.

viernes 26 de junio de 2009

Oquedad.

Más de tres veces he pensado que cambiar
el mundo es posible
y siempre me acabo dando cuenta
de que al final sólo se transforman las formas
pero nunca el concepto. El egoísmo
motor del Ser Humano.
Y eso es lo único de lo que sí estoy casi seguro.

Me agotan los intentos de encontrar
sin saber lo que estoy buscando,
y sobre todo me asustan los vistazos a
cualquier cosa que se aproxime desde lejos
porque lejanía significa inevitable
(es sólo cuestión de tiempo, que es la única cuestión que existe).

Me pregunto a mí mismo
por qué soy de las pocas personas
que saben contestarme. Y eso me deja dudas
como aquélla de que si los hombres
no lloran, por qué tienen el descaro de reírse.

He ahogado abrazos en lágrimas
y lágrimas en hombros
y sigo sin entender cuantas teclas hacen falta
para sostener la vida en un instante.

Quiero decir con todo esto
que a veces no entiendo en qué consiste
todo. Las metas no se alcanzan,
siempre están, más allá, meta-meta,
implosión de lo absurdo en una espiral de supercuerdas
ahorcando al que quiso comprenderlo.

Que a veces hasta lo absoluto es relativo
y tener fe es siempre lo único de lo que no dudo.
Mis dioses no me hablan
pero sé cuándo intentan decirme algo
y qué es lo que tratan de decirme.
Los veo en los árboles del parque que se ve
a sí mismo
desde mi ventana (sólo ellos saben de qué hablo
y en qué consiste alcanzarse a uno mismo).

Quiero decir, es todo como un
no-sé-qué-exactamente pero está ahí.
La magia, las causalidades,
los dados en cuyas caras siempre hay inscrito un siete.

Supongo que reírme de un folio
es lo único que sé hacer en estos momentos. When I look to the west
mi espíritu sólo ve paredes,

he dormido en tantos bancos,
he vomitado frente al mar por no saber
quién era yo,
he recibido limosna de dos adolescentes conmovidos
por mi música, y he hecho otras tantas cosas
que darían para otros tantos poemas.

Pero hoy, simplemente,
me apetecía echarte de menos.

martes 19 de mayo de 2009

Cuenco de arroz.

Buscan la forma de dar forma a los conceptos,
abstraen las dudas y las arrastran
como una carga casi insoportable.
No conocen el sentido del viento,
ni el significado
de lo que tan sólo es palpable, pero no se ve.

Sus pies flotan sobre la tierra seca,
como huyendo del polvo,
como llamando a gritos a una nube pesada
que les refresque el vello de los brazos
cansados de sus hombros
que para ellos son grilletes
porque les duelen, como el estómago,
que es su verdadera condena a muerte.

No lloran porque no conocen nada
más allá de la miseria,
pero la ignorancia tampoco los hace felices.
No viven, sobreviven, y hay algunos que ni eso pueden.

Las uñas negras como la piel,
y como el ánima sucia
y al mismo tiempo más limpia que la nuestra
porque ni siquiera tienen los medios para caer en la maldad
(la necesidad nos hace miserables,
pero no peyora a nuestro corazón).

Cada paso que dan
un buitre desciende dos metros, y cada día que pasa
la muerte pasa lista en varios hogares.

Tienen poco más que arroz,
algo menos que una vida por delante,
y yo me odio a mí mismo,
me declaro culpable, me condeno por permitirlo,
por pensar en un ellos
y no en un todos-nosotros.